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El domingo 3 de agosto 2009 recorrimos diversas etapas de la vida LGTB y reflexionamos sobre algunos puntos en común y algunos procesos de aprendizaje personal. Desde el nacimiento hasta la muerte, vimos el pasado y nos proyectamos hacia lo deseado mediante preguntas, experiencias, el lenguaje del cuerpo y de las palabras. Nos reflejamos en historias con las que repensamos la identidad atravesada por múltiples posibilidades de “ser”. Como resultado del trabajo, les presentamos algunas conclusiones:
- Al nacer nos faltan conocimientos y somos indefensos. Llegamos a unlugar y emprendemos un nuevo camino. Se puede nacer al llegar a un lugar nuevo, al conocer a otras personas con las que identificarse o al escuchar a lxs otrxs.
- En la niñez es importante la presencia de tíxs, madrinas o padrinos, abuelxs y vecinxs. Nos permiten contar con una compañía y una atención diferente a la de los padres. En esta etapa atesoramos objetos: mochilas donde guardar elementos para escribir o pintar, que permiten un lugar propio de expresión, bicicletas prestadas o no, que otorgan libertades para
moverse, cuentos o historietas, que evocan historias y valores aún presentes, juguetes, entre ellos alguna nave que nos regala un abuelo y que supimos guardar hasta hoy para que permanezca intacta, una frazada que nos regaló un vecino para seguir abrigando la vida… - Algunxs comienzan a ser jóvenes o dejan la niñez a los 8 cuando se hacen callejeros, otrxs a lxs 13 o a los 16, cuando unx emprende unabúsqueda más allá de la familia. Otrxs comienzan a ser adultos mayores antes de ser jóvenes, al asumir responsabilidades y rodearse de gente mayor, y llegan a la juventud cuando pueden hacer amigxs con lxs que compartir las mismas experiencias. Recordamos la importancia de los grupos de pares en la formación de la identidad, en particular, la importancia de sentirnos incluidos y cómodos en el grupo.
- Para ser jóvenes adultos tuvimos que dejar cosas. Emprender un viaje propio, ganar autonomía, “cortar el cordón”, valernos por nosotrxs mismxs, enfrentar la vida como unx pueda. Ganar más independencia económica y emocional de la familia con compromiso y valores sin perder lazos. Nos llenamos de experiencias para resolver mejor distintas situaciones que se nos presentan.
- Relacionamos a la vejez con la adquisición de experiencias. Algunxs
nos proyectamos teniendo hijxs para dejarles nuestro legado. Otrxs nos preocupamos por la soledad, reflexionando sobre el apartamiento social que se hace de los adultos mayores, y por la discriminación, rescatando la posibilidad de vivir como se “es” de manera feliz. - Algunxs ya morimos algunas veces y renacimos: a causa de enfermedades, de la pobreza, de la violencia en el ambiente gay, de la
falta de aceptación o de las creencias de otrxs…
Te dejamos este relato que compartimos en el taller para que reflexiones y nos dejes tus comentarios:
Historia de Franco
Franco rechaza muchos aspectos de su personalidad desde que asumió ser gay hace 3 años. Sus creencias religiosas son incompatibles con sus encuentros ocasionales, pero no puede mantener relaciones más duraderas. La culpa y la vergüenza se vuelven dolorosas pero no puede parar de verse con chicos de manera esporádica a pesar del vacío que eso le provoca.
Su vida gay se reduce al fin de semana que es cuando siente que tiene la única oportunidad de ser él mismo. Nadie lo sabe en el trabajo, ni en la casa y tampoco se lo dijo a sus amigos hetero. Por dentro, tiene mucho desprecio por otros chicos gays. Cree que los gays solo buscan una cosa y sin motivo alguno no le caen bien las chicas lesbianas. Sus amigos gays Diego y Pablo se parecen a él. Cuando se encuentran les encanta criticar a otros chicos gays por cómo actúan o se ven diferente de cómo son ellos.
Es sábado a la noche y Franco se prepara para ir al boliche más conocido de la ciudad. Toma todas las precauciones posibles para evitar ser identificado por alguien que lo conozca: llega solo, mira en todas las direcciones para asegurarse que nadie lo ve entrar. El nerviosismo continúa hasta que se baja un par de tragos. Observa la pista mientras piensa que él es chico más atractivo de esa noche. Al rato se engancha a hablar con Diego y Pablo y a los pocos minutos los tres se ríen de una pareja que esta apretando en un rincón. Dicen que ninguno haría algo tan zarpado en un boliche. En verdad, cada uno de ellos hizo algo similar antes pero en Buenos Aires, donde nadie los conocía. Franco visitó algunas saunas en sus viajes pero nunca se lo reconocería a nadie.
Después de unos tragos, Franco empieza a sentir un deseo intenso: la señal que le indica cómo terminará la noche. Ve un chico que se lo quiere levantar y empieza a devolverle las miradas, el chico se ve cada vez más interesante. Franco se toma otro trago y enseguida se siente seguro como para acercársele. El otro chico responde rápido y Franco siente una mezcla de emoción y ansiedad. Se van a la casa del chico, se sacan la ropa desenfrenadamente. La cama no resulta ser lo que ellos esperan. A pesar del tiempo que le dedican, Franco no puede acabar y se va con una sensación de vacío y fracaso sin saber el nombre de su levante. Franco se despierta al día siguiente sintiéndose algo deprimido. La sensación de soledad reaparece. No entiende por qué tiene problemas en la cama. No es la primera vez que siente mucha timidez e inseguridades.
En lo más profundo de si él desea un novio cuanto antes, un compañero para toda la vida. Pero como de costumbre ignora sus sentimientos y le resta importancia simulando lo contrario. Prende la tele y ve un resumen de la marcha del orgullo gay de Buenos Aires con cierto aire de desprecio. Siente que nunca formaría parte de algo así.
Empieza la semana y una compañera de trabajo le pregunta qué hiso y el responde que salió con una chica que había conocido la semana anterior. Su compañera de trabajo se pregunta por qué franco siempre tendrá escusas cuando ella intenta presentarle alguna amiga para salir. Ella lo conoce bastante bien y cree saber qué mujeres pueden gustarle. Ella sospecha que él no tiene mucho éxito con las chicas y comienza a perder el interés en él como amigo.
Antes de salir de trabajar se cruzan, toman un café y se cuentan un par de chistes. Apenas se separan, la sonrisa de Franco se desdibuja rápidamente. Faltan cinco días para el fin de semana. No ve la hora de volver a ser él mismo.
¿Cuáles son tus puntos de vista? Dejanos tus comentarios.
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